Vez una se era una hermosa puesta de sol. Su cálida luz anaranjada bañaba los cuerpos entrelazados de un caballero y su amada, perdidos en un beso eterno. Una mano enguantada se anidaba entre los rizos dorados de la bella damisela. Ambas figuras permanecían perfectamente inmóviles, como congelados en el tiempo por algún encanto, igual …

